Welcome to the Hell

5 de Mayo

No hay desayuno en el hotel, salimos pronto para hacer la última jornada de Irán, la gente es muy simpática, a veces intentan hablar con nosotros en marcha desde los coches o simplemente se acercan para ver la moto, maniobras un poco peligrosas, no están acostumbrados a las motos y no valoran que un roce nos manda al suelo.

Se ve que aunque el sol se levante pronto ellos no madrugan mucho, hay poco tráfico y avanzamos bien. Paramos en un pueblo a comprar leche y unos bollos pero nos los llevamos a las afueras para comerlos, enseguida nos rodean nos hacen las preguntas de siempre, cuánto corre la moto, cuánto vale…

Cerca de la costa el paisaje verde se transforma en bosque cerrado a su paso por unas montañas, hacemos unos amigos en el camino, menos mal que en este país no se come carne de cerdo, eso nos mantiene a salvo a ellos y a nosotros.

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Tras un breve paso por la aridez nos acercamos a la frontera, en los últimos 90 kilómetros no había gasolineras, nos preparamos para otra historia de fronteras.

Llegamos 10 minutos antes de que cierren y con la reserva en nuestro récord, 90 kilómetros, carreras de un sitio a otro y parece que estamos listos para salir de Irán, los militares nos acompañan a la puerta y observan como 5 metros más allá nos recibe Turkmenistán, quieren asegurarse de que podemos entrar y no nos quedamos en tierra de nadie con las fronteras cerradas.

En Turkmenistán no tenemos visa sólo un email de la embajada con una referencia que nos debería permitir conseguirla allí, con un par de conversaciones y una llamada telefónica pulgar en alto en Turkmenistán, lo que estaban esperando en Irán para cerrar la verja, no podemos apurar más.

No somos muy bien recibidos en la sección consular y aduanera, parece que al llegar tan apurados les vamos a hacer trabajar media hora extra, nos echan la bronca en Turkmeno, menos mal que no entendemos nada porque nos está poniendo a caldo. La cantidad de papeleos y pagos que tenemos que hacer tiende a infinito, aun siendo los únicos y con las prisas de todo el mundo por irse a casa estamos casi una hora.

Sorpresa final, llegamos un día más tarde de lo previsto y el funcionario con cara de pocos amigos nos informa de que sólo tenemos 2 días para cruzar el país.

– ¿Y si no conseguimos llegar a Uzbekistán a tiempo?

– “deported”-  Contesta aun enfadado.

– Deported donde? ¿a Uzbekistan? – breve silencio

– …mmm… Yes. – Risas generales.

Toca que nos cierren la verja detrás otra vez, apenas sin gasolina nos lanzamos con la moto apagada por una interminable cuesta abajo, parece ser que hasta Asgabat no hay gasolineras y hay 35 kilómetros. Mientras descendemos un camión con los militares de la frontera nos presiona para ir más deprisa, la zona entre la frontera y la capital es todo zona militar y también quieren cerrar el chiringuito, con todo este estrés llegamos a nuestro destino con 140 kms hechos en la reserva, las motos gastan menos en gasolina que nosotros en peluquería.

En la misma gasolinera nuestro nuevo amigo Durdy nos asiste para encontrar un cajero y un hotel por el que no nos cobren un riñón, tarea nada fácil.

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Y por fin un merecido descanso y celebración del fin de la ley seca que imperaba en Irán.

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No sé la idea que tendréis de Asgabat pero desde luego la que nosotros teníamos era bastante diferente a lo que nos encontramos. Con un par de vídeos quizá os pase lo mismo.


6 de Mayo

Primer día en Turkmenistán.

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Nos damos una vuelta en moto por la ciudad prontito para observar los espectaculares edificios de la zona nueva, todos en mármol blanco para que la iluminación nocturna refleje lujo, adornos dorados hasta en las farolas; paseamos por un plató de televisión, pero Humberto eso ya lo conoce, no nos la pegan, recorremos las vacías autopistas de cuatro carriles buscando un poco de perspectiva y rápidamente nos bloquea un destacamento militar, la autopista de 4 carriles está vacía porque no conduce a ningún sitio, la ciudad está sitiada, sólo se puede salir por tres carreteras.

Las visas para Turkmenistán no son fáciles, sólo hay dos alternativas, visa de tránsito con tiempo muy limitado y permiso para cruzar el país por una ruta previamente indicada informando detalladamente tus planes. Visa de turismo, sólo accesible para quienes contraten una visita guiada por el país, guiada por los agentes locales, es decir, para que no mires detrás del cartón piedra del escenario.

Sólo somos corresponsales de nuestro viaje así que a lo nuestro, buscamos la carretera que va al norte, queremos cruzar el desierto con visita a mitad de camino y llegar a las ciudades cercanas a la frontera.

Desierto, carretera y calor, dromedarios sueltos y algún pozo extraviado amenizan el camino.

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La carretera empeora a medida que nos alejamos del escenario, justo a mitad de camino cuando estamos buscando nuestro objetivo turístico Humberto pincha, por suerte hay un par de “bares” con sombra donde podemos intentar arreglarlo.

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Aquí es donde la liamos, nos cuesta destalonar la rueda, viene bien pegadita desde España, no nos faltan los ayudantes y las diferentes ideas, un mazo, una barra de hierro, martillazos… se nos va de las manos, entre todos estropeamos la cámara pinchada y el repuesto. No vemos excesivo problema, cámara nueva y ya está, de eso hay en todos sitios, no? Lo peor es que hay que retroceder a un pueblo 30 kilómetros. Por otro lado hemos ido a pinchar cuando estamos justo en el punto de la carretera más cercano al pozo de Darvanza. Obligados a hacer noche allí nos marcamos una excursión nocturna por el desierto de 4 kilómetros; guiados por el resplandor nos plantamos en el famoso pozo, conocido como las puertas del infierno.

 

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A veces el mal es divertido.

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Somos beduinos en prácticas nos perdemos un poco por el desierto pero llegamos a las motos para dormir y seguir mañana, llevamos algo de retraso pero nada importante.

7 de Mayo

Nos levantamos pronto con el sol, hemos dormido fuera.

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Tenemos que cruzar la frontera hoy para evitar problemas con el visado, no sabemos exactamente a qué hora cierra pero como plan de emergencia podemos ir a una frontera más cercana, a ver si no nos pone problemas la aduana.

Si ayer estuvimos en las puertas del infierno hoy nos metemos hasta la cocina. A los 50 kms Humberto pincha otra vez, esta vez en medio de la nada. La cámara que conseguimos ayer es de 18 en vez de 17, es lo que llevan las motos de aquí, pensábamos que no habría problema. 80 kilómetros atrás está el pueblo de la cámara fallida, 180 kilómetros delante hay una ciudad grande, quizá haya algo antes. Nos separamos, yo voy en busca de cámaras hacia delante, Humberto consigue arreglar el pinchazo y avanzar 20 kilómetros hasta que pincha de nuevo. Mientras tanto estoy de vuelta, a 100 kms conseguí 2 cámaras de 18, me dicen que en Uzbekistan no hay de 17, al menos no tienen la válvula de goma como la anterior; el problema es que siguen siendo bastante más estrechas que nuestra rueda.

Miramos bien la rueda y usamos la cubierta nueva que compramos en Irán, es raro que pinche tan rápido. Duran 20 kms cada una, seguimos en medio del desierto con un calor asfixiante, la policía que encontramos sólo colabora con un poco de agua; siguiente paso, me adelanto hasta que haya cobertura, unos 70 kms para llamar al Race, a ver si ellos pueden hacer algo; Humberto en ese tiempo encuentra una furgoneta que puede llevar la moto, se nos va el tiempo y no llegamos a la frontera.

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Avanza a 40 por hora porque además va remolcando un coche, día perdido y visa expirada.

Nos dicen que en la ciudad habrá cámaras para nuestra rueda, dormimos en su casa y a ver que conseguimos al día siguiente.

A todo esto con tanto bache en la carretera he perdido la matrícula, los chavales de la casa me hacen una nueva en plástico como si fuera la clase de manualidades.

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8 de Mayo

Cámara de 17 sí, de nuestro grosor no. Da igual, tenemos que salir del país, la frontera está a pocos kilómetros y no tenemos visa. Con cámara y matricula nueva nos disponemos a discutir los términos y condiciones de nuestra salida con la policía de frontera.

De primeras nos dicen “problem”, si yo te contará de mis “problems”…  La verdad es que para ser un país que controla tanto a los turistas no lo hemos hecho muy bien, llegamos a una frontera diferente a la que está en nuestra visa porque hemos seguido una ruta diferente a la marcada y encima ha caducado, de la matrícula ni hablamos.

Llaman al inspector que lidiará con nuestro caso, al cabo de una hora aparece por allí con calma, un tío risueño y con un inglés justito, “problem”, que sí, eso ya me lo han dicho los otros cinco que me han mirado el pasaporte. Pasa otra horita hasta que nos informan de nuestras opciones: pagar una multa estratosférica o ser deportados. No hace falta echar la moneda al aire, pedimos deportación; nos miran con cara de Jesús Vázquez cuando pedían cambiar la caja en el concurso de la tele, buff, “no váis a poder volver a entrar al país en tres años”, nos aguantamos la risa como podemos, tendremos que cancelar todas nuestras vacaciones en Turkmenistán.

Tenemos que  escribir a mano una declaración diciendo que hemos sido malos y no volveremos a hacerlo, a lo Bart Simpson en el compienzo de la serie; a las 4 horas el inspector se va a casa y nos dice que está todo hecho y nos podemos ir. Falso, un segundo inspector revisa nuestras declaraciones y nos pide otra declaración a mano en la que pedimos un visado de un día para salir del país, no entendemos nada pero lo que sea por recorrer los 50 metros que nos separan de Uzbekistán.

Dos horitas más, el castigo no era la deportación, el castigo era pasar 6 horas en la frontera hasta que hacen todos los papeles.

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Y por obra de magia tenemos un visado nuevo para el día de hoy en el pasaporte. El único guardia que habla inglés decentemente nos dice que es muy raro que nos hayan dado un visado gratis en el momento, en la embajada esto son 4 semanas y 50 euros. Suponemos que alguien en la frontera no quería explicar a su jefe por qué había una deportación. Esquivamos el último intento de sacarnos un soborno del guardia de aduana y somos libres!

Una horita de trámites en la entrada Uzbekistán, pan comido, conducimos a la ciudad más cercana y conseguimos alojamiento con una familia encantadora en su casa, nos hacen la cena y nos visitan los vecinos, ya somos del barrio.

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