Irán

1 de mayo

Día agradable para conducir, tenemos como objetivo llegar a la frontera con Irán aunque no tenemos claro si podremos cruzar. De la media montaña caemos a una enorme explanada, muy verde, parafraseando a mi amiga Marta “qué verde tan verde”, las montañas que rodean el valle no han dejado entrar ni a los árboles para no romper la armonía. Una infinita recta nos lleva a la mitad del tapete, con un giro vamos a un lateral para pasar por el único pueblo y seguimos rumbo a la tronera de la esquina opuesta, cuando llegamos el cuentakilómetros nos dice que ese valle mide 100 kilómetros. Escapamos por una carretera pegada a un lago, todavía podemos ver montañas con nieve en la distancia.

nieve

Llegamos a Van, nos dicen que la frontera puede estar abierta así que vamos a por ella exprimiendo el depósito, Turquía tiene la gasolina más cara de todo el viaje.

Empiezan los despropósitos, la frontera está cerrada y no tenemos gasolina suficiente para volver al anterior pueblo a dormir y volver al día siguiente, la última gasolinera que vimos está aún más lejos. Decididos a abrir por primera vez la tienda nos dicen que no deberíamos acampar allí porque los militares turcos no son muy amistosos, retrocedemos para alejarnos del peligro todavía con la idea de acampar. Unas cuantas conversaciones y unos cuantos kilómetros después damos con un campamento de trabajadores Kurdos, gente muy hospitalaria, nos ofrecen un viejo contenedor en vez de nuestras tiendas para dormir y de paso nos invitan a cenar.

cena kurdos

Aderezamos la sobremesa con una conversación que parece el juego de adivinar las películas, con gestos y dibujos no molestamos a los kurdos que prefieren ver la telenovela antes de dormir.

contenedor960

2 de Mayo

Hoy toca frontera, madrugón y desayuno con nuestros amigos obreros, recoger y ahorrar gasolina que estamos bajo mínimos y no sabemos exactamente dónde podremos repostar al cruzar.

Cuando llegamos ya hay una fila de furgonetas enorme pero nos ponemos en cabeza, somos su entretenimiento hasta que abran así que nos animan a colarnos, festival de gestos en la larga espera hasta que abren las verjas con bastante retraso. De ventanilla en ventanilla, cola tras cola y escondiendo las multas para que no nos las hagan pagar en la aduana, primer hito conseguido, estamos fuera de Turquía, no volveremos hasta que prescriban nuestros delitos.

Siguiente paso Irán, gente amistosa, un ojo por encima a las motos y las maletas y nos dan la bienvenida. 4 horitas de nada entre esperar a que abran y papeleos.

La reserva marca 90 kilómetros cuando encontramos la primera gasolinera, cerquita de la frontera pero escondida entre unas rejas, sin riales tenemos que pagar en dólares. En Irán las tarjetas no funcionan sólo podemos financiarnos con el metálico que llevamos, menos mal que aquí un depósito se llena con 6 euros, no con 30 como en Turquía, además las motos están consumiendo menos de 4 litros, sospechamos que la gasolina es de mejor calidad, también ayuda la puesta a punto que nos hizo nuestro amigo Salim.

Apetece hacer unos kilómetros hasta Tabriz, molidos buscamos hotel prontito, la noche anterior no dormimos muy bien, hacía bastante frío en nuestro contenedor.

 

3 de Mayo

Sacamos las motos del parking privado para hacer camino.

motos salon

Vamos por la nacional con poco tráfico en vez de la autopista, observamos cómo cambia el entorno,  la carretera discurre por un valle cerrado que se va abriendo poco a poco, el frescor de la mañana se va convirtiendo en calor y el paisaje se va haciendo más árido. Acabamos en una llanura con fuerte viento de lado, cansados paramos a comer y cómo en fotocall atendemos a los medios, nos rodean rápidamente y nos preguntan de todo, siempre con una sonrisa en la cara (ellos y nosotros), las motos de cilindrada un poco alta por aquí no existen y la estética dakariana de nuestras monturas llama mucho la atención.

La conducción por aquí es muy peligrosa, los intermitentes y la distancia de seguridad caen en desuso, con todos los sentidos en los giros bruscos de los coches, adelantamientos en sentido contrario… Decidimos ir por la autopista, aunque no tenemos riales, con un poco de offroad nos saltamos un par de ellos, no es que no queramos pagar, simplemente nos adaptamos rápido a sus costumbres, no somos los únicos que lo hacemos.

Llegamos pronto a Teherán, queremos empezar a disfrutar un poco más de los sitios pero a veces los deseos no bastan.  Los hoteles son carísimos y seguimos buscando, cada vez que preguntamos se desviven por ayudarnos pero sólo nos dirigen a hoteles 5 estrellas, después de muchos atascos, preguntas, esquivar coches y pasar calor acabamos en el aeropuerto por propia inciativa, suponemos que allí habrá menos problema. Nos volvemos a equivocar, el único que hay está lleno y ni siquiera tienen oficina de cambio para conseguir riales, al menos un chaval nos indica un hotel más humilde en el centro, conseguimos llegar a él a las 12, 60 dólares sin parking, ni wifi pero es lo que hay. Ya cansados sólo tenemos claro que mañana huímos de aquí.

 

4 de Mayo

Con ganas de dejar atrás el caos de Teherán vamos a comprar una rueda trasera, nos decantamos por una con bastante taco para montarla más adelante, un bulto más. Con un fusible y una bombilla ya hemos mimado suficiente las motos, toca escapar.

Hasta 30 kilómetros nos cuesta respirar un poco de aire fresco en la carretera, por una secundaria enfilamos el norte, paisaje desértico que permite al verde entrar en algún valle para cultivar y dar algo de vida al desierto.

Según nos acercamos al Caspio la humedad se nota en el paisaje hasta acabar siendo bosque. Llegamos a Bershan prontito para descansar.