El descanso del guerrero (y las guerreras)

26 de Abril

Por fin un poco de relax, nos agarramos a la cama más de lo normal, la noche anterior nos tomamos unas cervezas con Carolina, Mark, Simona, Nick y alguno más. No ponemos fotos porque en los bares salieron con poca calidad, no porque estuviésemos impresentables, al final nos cuesta mantener los ojos abiertos, tenemos el cuerpo acostumbrado a dormir pronto como los niños buenos.

Después de remolonear turisteamos un poco, mezquitas, fotos, panorámicas… Estambul para turistas principiantes…

También aprovechamos para localizar el concesionario Yamaha donde revisarán las motos, Turquía es el último país donde comercializan nuestra moto antes de Japón, conseguir piezas de ahora en adelante puede ser muy difícil.

Sin maletas en las motos no hay quien nos pare en los atascos, nos vamos acostumbrando a sortear coches, las líneas blancas no significan nada para ningún vehículo, eso nos da ventaja para encontrar huecos.

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27 de Abril

Nos levantamos con la energía que da el desayuno turco, volvemos a cargar las motos con todo, como los caracoles, ahora con la casa a cuestas vamos más despacio. Llegamos al concesionario y nos toca ver lo que podemos hacer con las motos, tienen que salir de ahí en el mejor estado posible, aparte de cosas menores tenemos tres hitos que cumplir, un embrague, un kit de transmisión y unos rodamientos

Alguna cosa pinta mal hasta que aparece Salim, el dueño del tinglado, sus canas denotan experiencia, y la manera en la que mira las motos y comprueba las piezas clave denotan conocimiento, en 10 minutos demuestra una parte de lo que aprendió en el pasado como piloto de superbikes, da claras instrucciones a sus lugartenientes y extiende la lista de cosas que se pueden mejorar al infinito. Todo lleva su tiempo, tendremos que esperar hasta última hora de la tarde.

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Tenemos cinco horas de espera por delante, las ocupamos con otro poco de turisteo, más por matar el tiempo que por verdadero interés, una vuelta por el bazar y paseo por el centro, comida, café y queremos ver a nuestras monturas de nuevo.

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Cuando llegamos aún nos toca esperar un rato, algunos arreglos más de última hora, mientras tanto se interesan por nuestra aventura, intercambiamos impresiones, recibimos con buen gusto unos consejos, Salim vente con nosotros…  “inshallah”.

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Hora de partir! Pero ésta es mi moto? Que maravilla, como la seda…

Un poco de arcén más para escapar de los atascos y nos llega la noche mientras intentamos escapar de la selva de asfalto, la autopista turca es muy buena y nos permite hacer unos 250 kilómetros de noche, no hay puestos donde pagarla, sólo cámaras que reconocen la matrícula frontalmente, asi que de momento pagamos con un poco de vergüenza cada vez que pasamos un peaje y suenan las sirenas, ya la pagaremos más adelante.