Dejando Europa

Nublado pero agradable rodamos los últimos kilómetros de Montenegro. En cuanto cruzamos la frontera el contraste se acentúa: Las casas tienen depósitos de agua en el tejado, los carros de burros son uno más en la carretera y la gente nos mira al pasar; suponemos que no es porque aprecien nuestra belleza a través del casco, hay muchas motos tipo vespino pero no nos cruzamos con ninguna moto “grande”, somos raros a sus ojos, el turismo se toma un respiro y no cruza la frontera con nosotros, tampoco ayuda haberse separado de la costa.

Otra diferencia es la cantidad de Policía, están en todas partes, y siempre ocupados, no vemos a ninguno que no esté extendiendo una receta, por suerte nosotros escapamos sin engrosar su recaudación. Tampoco lo hace el conductor de la foto, aunque es bastante evidente que no pasaría la ITV

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Con paciencia llegamos a Tirana, su capital, y con más paciencia aún salimos de ella, reina el caos y las indicaciones son nefastas, una vez fuera intercalamos tramos de una nueva autopista con la antigua carretera hasta Elbasan.

Albania se guardó lo bueno para el final, nos alejamos de Elbasan. Con túneles y puentes, carretera, río y vía de tren dibujan una trenza a través de un estrecho valle, los tres se separan cuando el valle da paso a una extensa llanura; sólo está ocupada por un pueblo  con una extraña costumbre que no llegamos a entender, todos los vecinos tienen una manguera puesta en la puerta a modo fuente, nos quedaremos con la duda. Alcanzamos el otro extremo del valle para darnos con una pared, la subimos en pocas curvas con fuerte pendiente, al coronar el espectáculo es mayor, la carretera desciende a un lago y las montañas al fondo completan la postal.

 

Encaramos el último tramo de Albania al pie del lago, con la carretera en obras manchamos las motos por primera vez, hasta ahora sólo habían pisado asfalto, unos kilómetros más y volvemos a la Unión Europea.

Nuestros hermanos griegos nos dan la bienvenida, se nota la cultura mediterránea, desde la misma frontera se muestran más cercanos; paramos a comer, Gregory nos atiende, también motero se interesa por nuestro viaje, parece que se queda con las ganas de montar con nosotros, nos hace un descuento en la comida, de alguna manera quería contribuir.

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Salvo un puerto todo lo rodamos en autopista, nos vemos bien y queremos dar el asalto a Estambul mañana así que alargamos la jornada más de lo habitual y conducimos un par de horas de noche por la impecable autopista griega para completar la jornada más larga hasta la fecha, 765 kilómetros habiendo lidiado con las carreteras albanas.

 

25 de Abril

Jornada de transición bajo el sol hasta Estambul, sólo paramos para echar gasolina, no sin dificultad, la moderna autopista griega no tiene estaciones de servicio y nos tenemos que desviar 3 kilómetros para encontrar una, mientras lo llenamos mantenemos una pseudo conversación con los lugareños, lo único que entendemos de la parrafada en griego es Europa y Merkel, lo demás nos lo imaginamos, eso sí, siempre con una sonrisa.

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Frontera y más autopista nos hacen pensar que lo tenemos hecho pero todavía estando lejos de Estambul el tráfico es asfixiante, retenciones de muchos kilómetros nos frenan, aprendemos de los locales y empezamos a sortear coches parados apurando cada centímetro, las maletas laterales dificultan la tarea pero hay un momento en el que solo nos falta quitarnos el casco para mimetizarnos con los moteros turcos.

Primer hito conseguido, parada y fonda en el límite entre Europa y Asia, toca revisar las motos, descansar y un poco de turisteo para coger fuerzas y pegar el salto a Asia.

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