Ruta alternativa

22 de Abril

Sin nubes en el horizonte nos disponemos a adentrarnos en los Balcanes. Objetivo Serbia. Nada nuevo en el último tramo de Italia, cruzamos a Eslovenia con susto incluido; a unos pocos kilómetros de la frontera mi moto no arranca, parece algo eléctrico así que la primera opción es quitar la toma de corriente, el fusible parece que no cumple su función, duró bastante para su precio.

Eslovenia nos sorprende, las carreteras secundarias discurren a través de un frondoso bosque, con poca civilización (y coches) a la vista; el país pinta muy bien.

Hacemos los kilómetros desviándonos un poco al sur, sin preocuparnos mucho nos prometemos que ya tomaremos dirección este. Una tremenda parrillada nos quita las ganas de movernos pero el buen tiempo anima y nos ponemos en ruta.

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Cruzamos a Croacia antes  de lo previsto por una frontera cerca de la costa, en principio desde allí podemos poner rumbo a Zagreb. Con un tramo de buena autovía nos siguen tentando a no cumplir los planes, después de la autovía, el señuelo es el espectacular paisaje  de la costa del adriático. Nos gusta el paisaje, nos gusta el asfalto, nos gustan las suaves curvas que trazamos sin tráfico, nos gusta la carretera bordeando el mar, nos gusta todo menos los planes que teníamos, la decisión es fácil, seguiremos bajando por la costa hasta que… dejemos de hacerlo.

Esperando una señal que nos haga cambiar la dirección nos llega la noche, la ciudad más cercana es Zadar, allí buscaremos un colchón para descansar y seguir con nuestros no planes.

 

23 de Abril

Mis ojos acostumbrados al cielo inglés se empacharon de luz, desde que dejamos Francia no hemos visto una nube, con unos chupitos de colirio hacen mejor la digestión.

La señal divina no llega, la costa sigue reclamándonos.

Paisaje agreste a nuestra izquierda, roca que no deja lugar a la vegetación, algunos pinos encuentran su sitio entre la carretera y el mar, a modo de guardarraíl, se alinean en un estrecho margen donde una persona tendría miedo de resbalar y caer al agua. Las curvas rodean pequeñas calas de agua transparente, a cada cala le corresponde su bote amarrado y su casa de ensueño. Por si no me creéis dejo un vídeo, si se os hace aburrido paraos en el 1:45 y observad la sombra de los botes en el fondo, como si estuvieran suspendidos en el aire.

Camino a Dubrovnik nos dicen que hemos cruzado un trozo de Bosnia, en la frontera ni nos piden el pasaporte, y a nuestro alrededor nada ha cambiado.

Comemos en la fortaleza de Dubrovnik, ideal para un paseo y estirar las piernas, esta vez toca parrillada de pescados, para desengrasar. Nos hemos acostumbrado a luchar contra la pereza después de comer y nos ponemos en camino con vistas a Albania.

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Antes entramos en Montenegro, esta vez la frontera sí supone un cambio, todo a peor, hay que andar con mil ojos en el tráfico, los intermitentes no son lo más usado y el asfalto si no está roto, resbala; el mejor tramo es el ferry que nos cruza una bahía.

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Con un ritmo más lento nos quedamos a las puertas de Albania. Con la temporada baja y los bajos precios nos damos el capricho de un alojamiento más lujoso, en realidad vale lo mismo que en Italia o Francia pero ahora viene con sillón de masaje incorporado; el chino que hay dentro masajeando aprieta bastante y a veces te hace sufrir pero con los 570 kilómetros del día se agradece.

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