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Salida

Tras mirar mucho la ruta, leer blogs de otros viajeros, horas en embajadas, formularios del race, paciencia en bancos, inventario, qué llevamos, qué no llevamos…

Ahora todo da igual, tenemos lo que tenemos y estamos listos para partir, ya explicaremos en alguna otra entrada más cosas de la preparación.

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El tiempo nos respeta hasta Zaragoza, un poco de granizo adelanta nuestra parada para comer unos minutos, y mientras cae un bocadillo engañamos a la tormenta que ya sólo veremos en la distancia.

Primer destino, Barcelona, tiramos de agenda para encontrar un amigo que nos acoja.

Nos tomamos una cerveza, nos vemos con unos palillos en las manos cenando shusi y nos venimos arriba, ¿imágenes japonesas en la pared? ¿ya hemos llegado? Si que ha sido fácil, no estamos ni cansados.

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Al día siguiente nos queda claro que ni hemos llegado, ni va a ser fácil. Salimos de Barcelona dispuestos a cruzar la primera frontera. Francia nos recibe con bastante lluvia, aún así hacemos kilómetros con facilidad y somos optimistas, queremos darle otro buen muerdo al mapa, sin embargo… Humberto está gordo, no lo digo yo, lo dice su moto, el eje de atrás se queja y le avisa con unos bamboleos. Tendremos que torear el primer percance, como muchos antes de nosotros, en Nimes; eso sí, nosotros fuera de la plaza.

Primer pit stop ✋ , a ver si nos lo arreglan mañana en un rato. Como hay que verle el lado bueno a todo, diremos que sin esta parada obligada, probablemente  no tendríamos este primer post.

Desde Nimes, vuelta al ruedo y… esta faena va por ustedes!

 

La revancha de Nimes

20 de Abril

Amaneciendo en Nimes, con la moral un poco baja por empezar tan pronto con problemas.

Una buena noticia: Humberto no está gordo, nos lo ha dicho un mecánico. No es que le haya hecho ojitos, es que ha dicho que es un problema muy común en estas motos.

Una mala noticia: Por algún motivo desconocido las tiendas de motos no abren los lunes.

Solo encontramos por la mañana a “Yvan”, mecánico de motos custom. Por desgracia no tiene el maldito rodamiento. Segunda opción, Yamaha abre a las 14h. Allí estamos como un clavo, la tienda es inmensa pero… no tienen el rodamiento y tarda tres días, ver para creer. Última opción, nos dicen que podemos probar una tienda de repuestos industriales, pueden tener un rodamiento genérico de las mismas medidas y nos lo ponen en Yamaha. Sí! Lo tienen, nos lo llevamos, no sin antes ser advertidos que no es de moto y… en fin; que no se hacen responsables. A las seis y media de la tarde estamos en marcha. Queremos hacer unos kilómetros, con buen tiempo, buena carretera y buen paisaje nos plantamos en Gap, a 250 kilómetros.

Humberto cosecha en Nimes las 2 orejas, que diga rodamientos:

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21 de Abril

Madrugamos en Gap, queremos recortar algo del tiempo perdido. Como el día anterior, la ruta es favorable, bajo el sol curveamos por los alpes franceses e italianos. Paisaje estupendo y poco tráfico. Nos sacamos la espina.

Las nacionales italianas son otra historia, una vez dejamos los Alpes atrás la carretera se hace aburrida y lenta. Pueblos, rotondas y tráfico…  Queremos que los kilómetros pasen pero es difícil saber si vamos hacia delante o hacia atrás, seguimos las indicaciones y los kilometrajes en los carteles suben y bajan como las mareas, al antojo de la alineación de astros.

Al final hacemos 700 kms y llegamos a Pádova a dormir, buscamos alojamiento y nos da por coger un antiguo convento a las afueras. El sitio está muy bien reformado, loque da miedo es la versión moderna de la familia Adams que lo regenta. Será mejor cerrar con llave.

 

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Próximo capítulo la costa del adriático…

 

Ruta alternativa

22 de Abril

Sin nubes en el horizonte nos disponemos a adentrarnos en los Balcanes. Objetivo Serbia. Nada nuevo en el último tramo de Italia, cruzamos a Eslovenia con susto incluido; a unos pocos kilómetros de la frontera mi moto no arranca, parece algo eléctrico así que la primera opción es quitar la toma de corriente, el fusible parece que no cumple su función, duró bastante para su precio.

Eslovenia nos sorprende, las carreteras secundarias discurren a través de un frondoso bosque, con poca civilización (y coches) a la vista; el país pinta muy bien.

Hacemos los kilómetros desviándonos un poco al sur, sin preocuparnos mucho nos prometemos que ya tomaremos dirección este. Una tremenda parrillada nos quita las ganas de movernos pero el buen tiempo anima y nos ponemos en ruta.

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Cruzamos a Croacia antes  de lo previsto por una frontera cerca de la costa, en principio desde allí podemos poner rumbo a Zagreb. Con un tramo de buena autovía nos siguen tentando a no cumplir los planes, después de la autovía, el señuelo es el espectacular paisaje  de la costa del adriático. Nos gusta el paisaje, nos gusta el asfalto, nos gustan las suaves curvas que trazamos sin tráfico, nos gusta la carretera bordeando el mar, nos gusta todo menos los planes que teníamos, la decisión es fácil, seguiremos bajando por la costa hasta que… dejemos de hacerlo.

Esperando una señal que nos haga cambiar la dirección nos llega la noche, la ciudad más cercana es Zadar, allí buscaremos un colchón para descansar y seguir con nuestros no planes.

 

23 de Abril

Mis ojos acostumbrados al cielo inglés se empacharon de luz, desde que dejamos Francia no hemos visto una nube, con unos chupitos de colirio hacen mejor la digestión.

La señal divina no llega, la costa sigue reclamándonos.

Paisaje agreste a nuestra izquierda, roca que no deja lugar a la vegetación, algunos pinos encuentran su sitio entre la carretera y el mar, a modo de guardarraíl, se alinean en un estrecho margen donde una persona tendría miedo de resbalar y caer al agua. Las curvas rodean pequeñas calas de agua transparente, a cada cala le corresponde su bote amarrado y su casa de ensueño. Por si no me creéis dejo un vídeo, si se os hace aburrido paraos en el 1:45 y observad la sombra de los botes en el fondo, como si estuvieran suspendidos en el aire.

Camino a Dubrovnik nos dicen que hemos cruzado un trozo de Bosnia, en la frontera ni nos piden el pasaporte, y a nuestro alrededor nada ha cambiado.

Comemos en la fortaleza de Dubrovnik, ideal para un paseo y estirar las piernas, esta vez toca parrillada de pescados, para desengrasar. Nos hemos acostumbrado a luchar contra la pereza después de comer y nos ponemos en camino con vistas a Albania.

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Antes entramos en Montenegro, esta vez la frontera sí supone un cambio, todo a peor, hay que andar con mil ojos en el tráfico, los intermitentes no son lo más usado y el asfalto si no está roto, resbala; el mejor tramo es el ferry que nos cruza una bahía.

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Con un ritmo más lento nos quedamos a las puertas de Albania. Con la temporada baja y los bajos precios nos damos el capricho de un alojamiento más lujoso, en realidad vale lo mismo que en Italia o Francia pero ahora viene con sillón de masaje incorporado; el chino que hay dentro masajeando aprieta bastante y a veces te hace sufrir pero con los 570 kilómetros del día se agradece.

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Dejando Europa

Nublado pero agradable rodamos los últimos kilómetros de Montenegro. En cuanto cruzamos la frontera el contraste se acentúa: Las casas tienen depósitos de agua en el tejado, los carros de burros son uno más en la carretera y la gente nos mira al pasar; suponemos que no es porque aprecien nuestra belleza a través del casco, hay muchas motos tipo vespino pero no nos cruzamos con ninguna moto “grande”, somos raros a sus ojos, el turismo se toma un respiro y no cruza la frontera con nosotros, tampoco ayuda haberse separado de la costa.

Otra diferencia es la cantidad de Policía, están en todas partes, y siempre ocupados, no vemos a ninguno que no esté extendiendo una receta, por suerte nosotros escapamos sin engrosar su recaudación. Tampoco lo hace el conductor de la foto, aunque es bastante evidente que no pasaría la ITV

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Con paciencia llegamos a Tirana, su capital, y con más paciencia aún salimos de ella, reina el caos y las indicaciones son nefastas, una vez fuera intercalamos tramos de una nueva autopista con la antigua carretera hasta Elbasan.

Albania se guardó lo bueno para el final, nos alejamos de Elbasan. Con túneles y puentes, carretera, río y vía de tren dibujan una trenza a través de un estrecho valle, los tres se separan cuando el valle da paso a una extensa llanura; sólo está ocupada por un pueblo  con una extraña costumbre que no llegamos a entender, todos los vecinos tienen una manguera puesta en la puerta a modo fuente, nos quedaremos con la duda. Alcanzamos el otro extremo del valle para darnos con una pared, la subimos en pocas curvas con fuerte pendiente, al coronar el espectáculo es mayor, la carretera desciende a un lago y las montañas al fondo completan la postal.

 

Encaramos el último tramo de Albania al pie del lago, con la carretera en obras manchamos las motos por primera vez, hasta ahora sólo habían pisado asfalto, unos kilómetros más y volvemos a la Unión Europea.

Nuestros hermanos griegos nos dan la bienvenida, se nota la cultura mediterránea, desde la misma frontera se muestran más cercanos; paramos a comer, Gregory nos atiende, también motero se interesa por nuestro viaje, parece que se queda con las ganas de montar con nosotros, nos hace un descuento en la comida, de alguna manera quería contribuir.

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Salvo un puerto todo lo rodamos en autopista, nos vemos bien y queremos dar el asalto a Estambul mañana así que alargamos la jornada más de lo habitual y conducimos un par de horas de noche por la impecable autopista griega para completar la jornada más larga hasta la fecha, 765 kilómetros habiendo lidiado con las carreteras albanas.

 

25 de Abril

Jornada de transición bajo el sol hasta Estambul, sólo paramos para echar gasolina, no sin dificultad, la moderna autopista griega no tiene estaciones de servicio y nos tenemos que desviar 3 kilómetros para encontrar una, mientras lo llenamos mantenemos una pseudo conversación con los lugareños, lo único que entendemos de la parrafada en griego es Europa y Merkel, lo demás nos lo imaginamos, eso sí, siempre con una sonrisa.

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Frontera y más autopista nos hacen pensar que lo tenemos hecho pero todavía estando lejos de Estambul el tráfico es asfixiante, retenciones de muchos kilómetros nos frenan, aprendemos de los locales y empezamos a sortear coches parados apurando cada centímetro, las maletas laterales dificultan la tarea pero hay un momento en el que solo nos falta quitarnos el casco para mimetizarnos con los moteros turcos.

Primer hito conseguido, parada y fonda en el límite entre Europa y Asia, toca revisar las motos, descansar y un poco de turisteo para coger fuerzas y pegar el salto a Asia.

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El descanso del guerrero (y las guerreras)

26 de Abril

Por fin un poco de relax, nos agarramos a la cama más de lo normal, la noche anterior nos tomamos unas cervezas con Carolina, Mark, Simona, Nick y alguno más. No ponemos fotos porque en los bares salieron con poca calidad, no porque estuviésemos impresentables, al final nos cuesta mantener los ojos abiertos, tenemos el cuerpo acostumbrado a dormir pronto como los niños buenos.

Después de remolonear turisteamos un poco, mezquitas, fotos, panorámicas… Estambul para turistas principiantes…

También aprovechamos para localizar el concesionario Yamaha donde revisarán las motos, Turquía es el último país donde comercializan nuestra moto antes de Japón, conseguir piezas de ahora en adelante puede ser muy difícil.

Sin maletas en las motos no hay quien nos pare en los atascos, nos vamos acostumbrando a sortear coches, las líneas blancas no significan nada para ningún vehículo, eso nos da ventaja para encontrar huecos.

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27 de Abril

Nos levantamos con la energía que da el desayuno turco, volvemos a cargar las motos con todo, como los caracoles, ahora con la casa a cuestas vamos más despacio. Llegamos al concesionario y nos toca ver lo que podemos hacer con las motos, tienen que salir de ahí en el mejor estado posible, aparte de cosas menores tenemos tres hitos que cumplir, un embrague, un kit de transmisión y unos rodamientos

Alguna cosa pinta mal hasta que aparece Salim, el dueño del tinglado, sus canas denotan experiencia, y la manera en la que mira las motos y comprueba las piezas clave denotan conocimiento, en 10 minutos demuestra una parte de lo que aprendió en el pasado como piloto de superbikes, da claras instrucciones a sus lugartenientes y extiende la lista de cosas que se pueden mejorar al infinito. Todo lleva su tiempo, tendremos que esperar hasta última hora de la tarde.

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Tenemos cinco horas de espera por delante, las ocupamos con otro poco de turisteo, más por matar el tiempo que por verdadero interés, una vuelta por el bazar y paseo por el centro, comida, café y queremos ver a nuestras monturas de nuevo.

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Cuando llegamos aún nos toca esperar un rato, algunos arreglos más de última hora, mientras tanto se interesan por nuestra aventura, intercambiamos impresiones, recibimos con buen gusto unos consejos, Salim vente con nosotros…  “inshallah”.

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Hora de partir! Pero ésta es mi moto? Que maravilla, como la seda…

Un poco de arcén más para escapar de los atascos y nos llega la noche mientras intentamos escapar de la selva de asfalto, la autopista turca es muy buena y nos permite hacer unos 250 kilómetros de noche, no hay puestos donde pagarla, sólo cámaras que reconocen la matrícula frontalmente, asi que de momento pagamos con un poco de vergüenza cada vez que pasamos un peaje y suenan las sirenas, ya la pagaremos más adelante.

Turismo por Turquía

28 de Abril

Fuera de Estambul nos disponemos a conocer el resto del país, buena autovía, demasiado buena para nosotros, resulta que aquí las motos no pueden ir como los coches y tienen un límite de 90 en autovía, un poco difícil de cumplir, y otro factor importante, los turcos tienen unos radares que te cogen a más de kilómetro y medio, eso nos lo explicaron cuando nos pusieron la primera de las 2 multas del día (a cada uno), una de ellas por ir a 101! En fin, nos las guardamos con el miedo en el cuerpo de que nos las hagan pagar al salir del país. Por supuesto nos dieron la foto de la multa:

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Después de hacer amigos en la policía vamos a Pamukkale, el agua que emana forma a base de bicarbonato de calcio unas piscinas naturales, y estas piscinas naturales forman ríos de… asiáticos con cámara de fotos, llenito de turistas nos mojamos los pies para refrescarnos del calor que nos está aplastando desde la comida.

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Con los deberes del turista hechos hacemos un poco de camino hacia nuestro siguiente destino, los coches parados en el arcén son sospechosos habituales, no queremos dejar sin pagar una tercera multa.

29 de Abril

Amanecemos en Isparta, vamos Ispartanos! estos no son los valientes de la leyenda, regateando un poco hemos conseguido un buen hotel a precio normal, sus cómodas camas nos atrapan, los kilómetros y la pereza pesan.

Al final nos ponemos en marcha por carretera fea y en obras, vemos un par de radares que no nos cazan, vamos mejorando, el paisaje también, un par de lagos lo adecentan, uno de ellos con un color turquesa impresiona.

El viento empieza a soplar fuerte, inclina las motos y nos exige un esfuerzo extra, trasluchamos en una rotonda y ahora nos da del otro lado, con un giro más en una extensa llanura nos ponemos en empopada, ahora si que se va bien, casi podríamos apagar el motor.

Ya llegamos a la capadocia, Goreme es espectacular, buscamos hotel y a intentar cambiar el horario, que el sol cada vez sale antes y nosotros no le seguimos el ritmo.

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30 de Abril

Un poco más de turisteo por la capadocia, una ciudad subterránea y unas cuantas vistas más. Por la tarde carretera y manta, carretera, tráfico y paisaje se turnan los papeles del bueno el feo y el malo.

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Por la tarde hacemos kilómetros, la carretera sube y el termómetro baja, hasta tener nieve en el arcén, ahora que nos habíamos puesto en modo verano echamos de menos los forros interiores, no por mucho tiempo, acabaremos bajando de nuevo para llegar a Elazig cubiertos de polvo por tanta obra.

Irán

1 de mayo

Día agradable para conducir, tenemos como objetivo llegar a la frontera con Irán aunque no tenemos claro si podremos cruzar. De la media montaña caemos a una enorme explanada, muy verde, parafraseando a mi amiga Marta “qué verde tan verde”, las montañas que rodean el valle no han dejado entrar ni a los árboles para no romper la armonía. Una infinita recta nos lleva a la mitad del tapete, con un giro vamos a un lateral para pasar por el único pueblo y seguimos rumbo a la tronera de la esquina opuesta, cuando llegamos el cuentakilómetros nos dice que ese valle mide 100 kilómetros. Escapamos por una carretera pegada a un lago, todavía podemos ver montañas con nieve en la distancia.

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Llegamos a Van, nos dicen que la frontera puede estar abierta así que vamos a por ella exprimiendo el depósito, Turquía tiene la gasolina más cara de todo el viaje.

Empiezan los despropósitos, la frontera está cerrada y no tenemos gasolina suficiente para volver al anterior pueblo a dormir y volver al día siguiente, la última gasolinera que vimos está aún más lejos. Decididos a abrir por primera vez la tienda nos dicen que no deberíamos acampar allí porque los militares turcos no son muy amistosos, retrocedemos para alejarnos del peligro todavía con la idea de acampar. Unas cuantas conversaciones y unos cuantos kilómetros después damos con un campamento de trabajadores Kurdos, gente muy hospitalaria, nos ofrecen un viejo contenedor en vez de nuestras tiendas para dormir y de paso nos invitan a cenar.

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Aderezamos la sobremesa con una conversación que parece el juego de adivinar las películas, con gestos y dibujos no molestamos a los kurdos que prefieren ver la telenovela antes de dormir.

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2 de Mayo

Hoy toca frontera, madrugón y desayuno con nuestros amigos obreros, recoger y ahorrar gasolina que estamos bajo mínimos y no sabemos exactamente dónde podremos repostar al cruzar.

Cuando llegamos ya hay una fila de furgonetas enorme pero nos ponemos en cabeza, somos su entretenimiento hasta que abran así que nos animan a colarnos, festival de gestos en la larga espera hasta que abren las verjas con bastante retraso. De ventanilla en ventanilla, cola tras cola y escondiendo las multas para que no nos las hagan pagar en la aduana, primer hito conseguido, estamos fuera de Turquía, no volveremos hasta que prescriban nuestros delitos.

Siguiente paso Irán, gente amistosa, un ojo por encima a las motos y las maletas y nos dan la bienvenida. 4 horitas de nada entre esperar a que abran y papeleos.

La reserva marca 90 kilómetros cuando encontramos la primera gasolinera, cerquita de la frontera pero escondida entre unas rejas, sin riales tenemos que pagar en dólares. En Irán las tarjetas no funcionan sólo podemos financiarnos con el metálico que llevamos, menos mal que aquí un depósito se llena con 6 euros, no con 30 como en Turquía, además las motos están consumiendo menos de 4 litros, sospechamos que la gasolina es de mejor calidad, también ayuda la puesta a punto que nos hizo nuestro amigo Salim.

Apetece hacer unos kilómetros hasta Tabriz, molidos buscamos hotel prontito, la noche anterior no dormimos muy bien, hacía bastante frío en nuestro contenedor.

 

3 de Mayo

Sacamos las motos del parking privado para hacer camino.

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Vamos por la nacional con poco tráfico en vez de la autopista, observamos cómo cambia el entorno,  la carretera discurre por un valle cerrado que se va abriendo poco a poco, el frescor de la mañana se va convirtiendo en calor y el paisaje se va haciendo más árido. Acabamos en una llanura con fuerte viento de lado, cansados paramos a comer y cómo en fotocall atendemos a los medios, nos rodean rápidamente y nos preguntan de todo, siempre con una sonrisa en la cara (ellos y nosotros), las motos de cilindrada un poco alta por aquí no existen y la estética dakariana de nuestras monturas llama mucho la atención.

La conducción por aquí es muy peligrosa, los intermitentes y la distancia de seguridad caen en desuso, con todos los sentidos en los giros bruscos de los coches, adelantamientos en sentido contrario… Decidimos ir por la autopista, aunque no tenemos riales, con un poco de offroad nos saltamos un par de ellos, no es que no queramos pagar, simplemente nos adaptamos rápido a sus costumbres, no somos los únicos que lo hacemos.

Llegamos pronto a Teherán, queremos empezar a disfrutar un poco más de los sitios pero a veces los deseos no bastan.  Los hoteles son carísimos y seguimos buscando, cada vez que preguntamos se desviven por ayudarnos pero sólo nos dirigen a hoteles 5 estrellas, después de muchos atascos, preguntas, esquivar coches y pasar calor acabamos en el aeropuerto por propia inciativa, suponemos que allí habrá menos problema. Nos volvemos a equivocar, el único que hay está lleno y ni siquiera tienen oficina de cambio para conseguir riales, al menos un chaval nos indica un hotel más humilde en el centro, conseguimos llegar a él a las 12, 60 dólares sin parking, ni wifi pero es lo que hay. Ya cansados sólo tenemos claro que mañana huímos de aquí.

 

4 de Mayo

Con ganas de dejar atrás el caos de Teherán vamos a comprar una rueda trasera, nos decantamos por una con bastante taco para montarla más adelante, un bulto más. Con un fusible y una bombilla ya hemos mimado suficiente las motos, toca escapar.

Hasta 30 kilómetros nos cuesta respirar un poco de aire fresco en la carretera, por una secundaria enfilamos el norte, paisaje desértico que permite al verde entrar en algún valle para cultivar y dar algo de vida al desierto.

Según nos acercamos al Caspio la humedad se nota en el paisaje hasta acabar siendo bosque. Llegamos a Bershan prontito para descansar.

 

Welcome to the Hell

5 de Mayo

No hay desayuno en el hotel, salimos pronto para hacer la última jornada de Irán, la gente es muy simpática, a veces intentan hablar con nosotros en marcha desde los coches o simplemente se acercan para ver la moto, maniobras un poco peligrosas, no están acostumbrados a las motos y no valoran que un roce nos manda al suelo.

Se ve que aunque el sol se levante pronto ellos no madrugan mucho, hay poco tráfico y avanzamos bien. Paramos en un pueblo a comprar leche y unos bollos pero nos los llevamos a las afueras para comerlos, enseguida nos rodean nos hacen las preguntas de siempre, cuánto corre la moto, cuánto vale…

Cerca de la costa el paisaje verde se transforma en bosque cerrado a su paso por unas montañas, hacemos unos amigos en el camino, menos mal que en este país no se come carne de cerdo, eso nos mantiene a salvo a ellos y a nosotros.

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Tras un breve paso por la aridez nos acercamos a la frontera, en los últimos 90 kilómetros no había gasolineras, nos preparamos para otra historia de fronteras.

Llegamos 10 minutos antes de que cierren y con la reserva en nuestro récord, 90 kilómetros, carreras de un sitio a otro y parece que estamos listos para salir de Irán, los militares nos acompañan a la puerta y observan como 5 metros más allá nos recibe Turkmenistán, quieren asegurarse de que podemos entrar y no nos quedamos en tierra de nadie con las fronteras cerradas.

En Turkmenistán no tenemos visa sólo un email de la embajada con una referencia que nos debería permitir conseguirla allí, con un par de conversaciones y una llamada telefónica pulgar en alto en Turkmenistán, lo que estaban esperando en Irán para cerrar la verja, no podemos apurar más.

No somos muy bien recibidos en la sección consular y aduanera, parece que al llegar tan apurados les vamos a hacer trabajar media hora extra, nos echan la bronca en Turkmeno, menos mal que no entendemos nada porque nos está poniendo a caldo. La cantidad de papeleos y pagos que tenemos que hacer tiende a infinito, aun siendo los únicos y con las prisas de todo el mundo por irse a casa estamos casi una hora.

Sorpresa final, llegamos un día más tarde de lo previsto y el funcionario con cara de pocos amigos nos informa de que sólo tenemos 2 días para cruzar el país.

– ¿Y si no conseguimos llegar a Uzbekistán a tiempo?

– “deported”-  Contesta aun enfadado.

– Deported donde? ¿a Uzbekistan? – breve silencio

– …mmm… Yes. – Risas generales.

Toca que nos cierren la verja detrás otra vez, apenas sin gasolina nos lanzamos con la moto apagada por una interminable cuesta abajo, parece ser que hasta Asgabat no hay gasolineras y hay 35 kilómetros. Mientras descendemos un camión con los militares de la frontera nos presiona para ir más deprisa, la zona entre la frontera y la capital es todo zona militar y también quieren cerrar el chiringuito, con todo este estrés llegamos a nuestro destino con 140 kms hechos en la reserva, las motos gastan menos en gasolina que nosotros en peluquería.

En la misma gasolinera nuestro nuevo amigo Durdy nos asiste para encontrar un cajero y un hotel por el que no nos cobren un riñón, tarea nada fácil.

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Y por fin un merecido descanso y celebración del fin de la ley seca que imperaba en Irán.

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No sé la idea que tendréis de Asgabat pero desde luego la que nosotros teníamos era bastante diferente a lo que nos encontramos. Con un par de vídeos quizá os pase lo mismo.


6 de Mayo

Primer día en Turkmenistán.

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Nos damos una vuelta en moto por la ciudad prontito para observar los espectaculares edificios de la zona nueva, todos en mármol blanco para que la iluminación nocturna refleje lujo, adornos dorados hasta en las farolas; paseamos por un plató de televisión, pero Humberto eso ya lo conoce, no nos la pegan, recorremos las vacías autopistas de cuatro carriles buscando un poco de perspectiva y rápidamente nos bloquea un destacamento militar, la autopista de 4 carriles está vacía porque no conduce a ningún sitio, la ciudad está sitiada, sólo se puede salir por tres carreteras.

Las visas para Turkmenistán no son fáciles, sólo hay dos alternativas, visa de tránsito con tiempo muy limitado y permiso para cruzar el país por una ruta previamente indicada informando detalladamente tus planes. Visa de turismo, sólo accesible para quienes contraten una visita guiada por el país, guiada por los agentes locales, es decir, para que no mires detrás del cartón piedra del escenario.

Sólo somos corresponsales de nuestro viaje así que a lo nuestro, buscamos la carretera que va al norte, queremos cruzar el desierto con visita a mitad de camino y llegar a las ciudades cercanas a la frontera.

Desierto, carretera y calor, dromedarios sueltos y algún pozo extraviado amenizan el camino.

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La carretera empeora a medida que nos alejamos del escenario, justo a mitad de camino cuando estamos buscando nuestro objetivo turístico Humberto pincha, por suerte hay un par de “bares” con sombra donde podemos intentar arreglarlo.

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Aquí es donde la liamos, nos cuesta destalonar la rueda, viene bien pegadita desde España, no nos faltan los ayudantes y las diferentes ideas, un mazo, una barra de hierro, martillazos… se nos va de las manos, entre todos estropeamos la cámara pinchada y el repuesto. No vemos excesivo problema, cámara nueva y ya está, de eso hay en todos sitios, no? Lo peor es que hay que retroceder a un pueblo 30 kilómetros. Por otro lado hemos ido a pinchar cuando estamos justo en el punto de la carretera más cercano al pozo de Darvanza. Obligados a hacer noche allí nos marcamos una excursión nocturna por el desierto de 4 kilómetros; guiados por el resplandor nos plantamos en el famoso pozo, conocido como las puertas del infierno.

 

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A veces el mal es divertido.

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Somos beduinos en prácticas nos perdemos un poco por el desierto pero llegamos a las motos para dormir y seguir mañana, llevamos algo de retraso pero nada importante.

7 de Mayo

Nos levantamos pronto con el sol, hemos dormido fuera.

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Tenemos que cruzar la frontera hoy para evitar problemas con el visado, no sabemos exactamente a qué hora cierra pero como plan de emergencia podemos ir a una frontera más cercana, a ver si no nos pone problemas la aduana.

Si ayer estuvimos en las puertas del infierno hoy nos metemos hasta la cocina. A los 50 kms Humberto pincha otra vez, esta vez en medio de la nada. La cámara que conseguimos ayer es de 18 en vez de 17, es lo que llevan las motos de aquí, pensábamos que no habría problema. 80 kilómetros atrás está el pueblo de la cámara fallida, 180 kilómetros delante hay una ciudad grande, quizá haya algo antes. Nos separamos, yo voy en busca de cámaras hacia delante, Humberto consigue arreglar el pinchazo y avanzar 20 kilómetros hasta que pincha de nuevo. Mientras tanto estoy de vuelta, a 100 kms conseguí 2 cámaras de 18, me dicen que en Uzbekistan no hay de 17, al menos no tienen la válvula de goma como la anterior; el problema es que siguen siendo bastante más estrechas que nuestra rueda.

Miramos bien la rueda y usamos la cubierta nueva que compramos en Irán, es raro que pinche tan rápido. Duran 20 kms cada una, seguimos en medio del desierto con un calor asfixiante, la policía que encontramos sólo colabora con un poco de agua; siguiente paso, me adelanto hasta que haya cobertura, unos 70 kms para llamar al Race, a ver si ellos pueden hacer algo; Humberto en ese tiempo encuentra una furgoneta que puede llevar la moto, se nos va el tiempo y no llegamos a la frontera.

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Avanza a 40 por hora porque además va remolcando un coche, día perdido y visa expirada.

Nos dicen que en la ciudad habrá cámaras para nuestra rueda, dormimos en su casa y a ver que conseguimos al día siguiente.

A todo esto con tanto bache en la carretera he perdido la matrícula, los chavales de la casa me hacen una nueva en plástico como si fuera la clase de manualidades.

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8 de Mayo

Cámara de 17 sí, de nuestro grosor no. Da igual, tenemos que salir del país, la frontera está a pocos kilómetros y no tenemos visa. Con cámara y matricula nueva nos disponemos a discutir los términos y condiciones de nuestra salida con la policía de frontera.

De primeras nos dicen “problem”, si yo te contará de mis “problems”…  La verdad es que para ser un país que controla tanto a los turistas no lo hemos hecho muy bien, llegamos a una frontera diferente a la que está en nuestra visa porque hemos seguido una ruta diferente a la marcada y encima ha caducado, de la matrícula ni hablamos.

Llaman al inspector que lidiará con nuestro caso, al cabo de una hora aparece por allí con calma, un tío risueño y con un inglés justito, “problem”, que sí, eso ya me lo han dicho los otros cinco que me han mirado el pasaporte. Pasa otra horita hasta que nos informan de nuestras opciones: pagar una multa estratosférica o ser deportados. No hace falta echar la moneda al aire, pedimos deportación; nos miran con cara de Jesús Vázquez cuando pedían cambiar la caja en el concurso de la tele, buff, “no váis a poder volver a entrar al país en tres años”, nos aguantamos la risa como podemos, tendremos que cancelar todas nuestras vacaciones en Turkmenistán.

Tenemos que  escribir a mano una declaración diciendo que hemos sido malos y no volveremos a hacerlo, a lo Bart Simpson en el compienzo de la serie; a las 4 horas el inspector se va a casa y nos dice que está todo hecho y nos podemos ir. Falso, un segundo inspector revisa nuestras declaraciones y nos pide otra declaración a mano en la que pedimos un visado de un día para salir del país, no entendemos nada pero lo que sea por recorrer los 50 metros que nos separan de Uzbekistán.

Dos horitas más, el castigo no era la deportación, el castigo era pasar 6 horas en la frontera hasta que hacen todos los papeles.

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Y por obra de magia tenemos un visado nuevo para el día de hoy en el pasaporte. El único guardia que habla inglés decentemente nos dice que es muy raro que nos hayan dado un visado gratis en el momento, en la embajada esto son 4 semanas y 50 euros. Suponemos que alguien en la frontera no quería explicar a su jefe por qué había una deportación. Esquivamos el último intento de sacarnos un soborno del guardia de aduana y somos libres!

Una horita de trámites en la entrada Uzbekistán, pan comido, conducimos a la ciudad más cercana y conseguimos alojamiento con una familia encantadora en su casa, nos hacen la cena y nos visitan los vecinos, ya somos del barrio.

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El diablo sobre ruedas

9 de Mayo

Desayuno con nuestra familia adoptiva en Uzbekistán, nos tratan genial, los chavales son los que hablan inglés y nos vamos a a visitar Xiva con el hijo de la casa, un vecino y su prima pequeña. Subimos al minarete más alto de Uzbekistán por unas escaleras que dan vértigo.

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De vuelta a “nuestra casa” la vecina también ha cocinado para nuestro almuerzo, con el té llega el momento de las despedidas, no aceptan que les paguemos nada y salen todos a despedirnos, vecinos incluídos, da pena irse.

Bajo un calor tremendo la maldita rueda nos vuelve a detener, al cambiarla vemos muescas en la llanta, posiblemente del primer pinchazo y la fuerza bruta que usamos para destalonar, eso podría estar rajando las cámaras. Con ayuda de unos camioneros las limamos, todas nuestras esperanzas puestas en la última cámara que tenemos, de 17 pero bastante más estrecha de lo deseado.

No hay suerte, en unos kilómetros perdemos la última cámara y los nervios. Volvemos a estar en medio de la nada, demasiado lejos de cualquier sitio para ir a buscar recambios, dejamos nuestro destino a expensas de algún vehículo que pueda llevar la moto hasta la siguiente ciudad y ahí está, un tráiler que lleva furgonetas de General Motors tiene un hueco, no tienen problema en ayudarnos, paramos un coche más para sumar personas en las tareas de llevar la moto en volandas a un hueco en la parte frontal.

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Paramos a dormir en un sitio similar al que estuvimos a las puertas del infierno. Me vienen dos películas a la cabeza:

El diablo sobre ruedas, ópera prima de Spielberg con camiones, ruedas, carretera, bajo presupuesto y terror.

El día de la marmota: sin comentarios.

 

10 de Mayo

Madrugón para otro poco de camión hasta la Buxoro, yo voy por delante con la moto en busa de cámaras, cada vez que preguntamos nos dicen que en la siguiente ciudad hay seguro, seguimos intentándolo pero si en este país no hay motos con ruedas similares va a ser difícil; intento fallido, no hay nada en condiciones.

El trayecto acaba en una oficina de General Motors, le damos un poco al coco y acabamos buscando otro camión que lleve la moto a Toschenk, la capital, de haber en algún sitio es allí, además está cerca de la frontera por si llegamos a estar en riesgo de deportación otra vez.

Humberto lleva la moto esta vez, pasando por Samarcanda volvemos a dormir en un local de carretera, en cada parada del camión se juntan varios conductores de GM, ya conocemos a todos.

En el camino hay que darle unos billetes a un policía porque vamos tres en el camión, que no está permitido.

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11 de Mayo

Otro poco de camión y un par de sobornos más a la policía, Humberto por delante en moto busca cajero, hotel y cámara.

Estamos igual que hace días pero en la capital, a ver si podemos salir de aquí, primera cámara, china, estalla al hincharla, en la misma tienda nos prometen una rusa más fuerte al día siguiente, nos guardan la moto y tensa espera. Como siempre nos dicen que si cruzamos a Kazajistán no tendremos problema en encontrarla, ya no cuela.

Al menos tenemos la tarde para pasear por la ciudad, ya no nos extrañan las sonrisas con muchos dientes de oro y las mujeres con las piernas sin depilar, desde Turkmenistán parece que es la moda. También nos hemos acostumbrado a los fajos de billetes, la moneda está completamente desactualizada y casi se cuenta el dinero al peso, ocupan más los billetes que la cena que pagamos con ellos.

billetes960

 

12 de Mayo

Dejamos organizado el envío desde España de cámaras nuevas, parece mentira que algo tan simple nos esté frenando tanto. Las pedimos a una ciudad de Kazajistán a 1000 kms de aquí, queremos avanzar mientras llegan.

Nuevo intento, parece que aguanta más, las rusas están mejor que las chinas (y las cámaras también). Buscamos la frontera que está a 35 kilómetros, cuando llegamos resulta que no tiene aduana y se permite sólo el paso de personas, ninguno de los 4 ó 5 policías que nos han parado se les ocurre decírnoslo, sólo nos paran para saber de dónde somos, cuánto corren las motos y cuánto valen.

Cien kilómetros extras sufriendo por la rueda y llegamos a la frontera, esta vez sin percances, 3 ó 4 horas, la mitad corresponden a la espera del guardia de la aduana, prisa no tiene, encima nos pide dinero, que morro tiene el tío.

Cuando cruzamos ya es de noche, carretera mojada por una tormenta que vimos en la distancia, hotel en la primera ciudad que encontramos y descanso, ya estamos en Kazajistán.

 

13 de Mayo

Salimos del hotel tarde, nos lo tomamos con calma porque no tenemos que hacer muchos kilómetros. Rodamos despacito para cuidar la rueda, al principio la carretera es muy mala y con poco tráfico, nos para la policía y le hacemos el lio con el seguro que no tenemos en Kazajistán. Para una vez que no tenemos todo en regla nos pregunta por el seguro en vez de cuánto vale la moto.

Kazajistán en general se nota más avanzado, carreteras, coches, cómo viste la gente… parece más occidental. Poco a poco el paisaje se hace más verde y el tremendo calor inicial se va suavizando hasta convertirse en agradable, se ven montañas con nieve, pequeñas colinas, grandes explanadas… Y sobretodo la carretera es ahora muy buena, no tenemos que ir pendientes de esquivar agujeros.

Durante una parada conseguimos relajarnos y ver las cosas de otra manera. El bulto que se ve a la sombra es Humberto echándose la siesta.

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Rápidamente encontramos un hotel sencillo en Taraz, paseo por la tarde y cena para completar la siesta.

 

14 de Mayo

Jornada de transición hasta Almaty, tenemos el hotel cogido, es donde esperaremos el paquete que nos prepararon en Tornal Moya para acabar con nuestras penas.

Por buena carretera hacemos los 500 kms con paisaje variado, siempre llaneando sobre una pradera, las montañas del sur se acercan y se alejan mostrándonos algo de nieve. En el camino vemos más caballos que coches, y muchas abejas, venden miel en improvisados puestos en el arcén. Nosotros nos llevamos un buen puñado de insectos empotrados en la moto y la visera.

En el hotel nos toca discutir un poco, resulta que esto de las reservas online es nuevo para ellos, posiblemente también recibir extranjeros, nadie habla inglés y google translator media entre nosotros.

Estamos en el aeropuerto, esta vez nos tocará oir aviones en vez de camiones por la noche.

Compás de espera

15-18 de Mayo

Estos cuatro días los pasamos parados esperando las cámaras de recambio que llegan de España, ya hemos rodado bastantes kilómetros sin problema pero no podemos seguir sin llevar recambio.

Aprovechamos a cuidar un poco las motos. Las lavamos, engrasamos, alguna que otra chapucilla… Quedan más limpias que nosotros, que nos duchamos como podemos con el agua fría del hotel.

motoslimpias

También buscamos para lavar la ropa, incluida la ropa de moto, una relaciones públicas de unos apartamentos de enfrente nos lo resuelve.

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Al final nos mudamos a un apartamento que regenta en la acera de enfrente del hotel, por el mismo precio tenemos nevera y microondas, que lujazo.

Nuestro Kazajo/ruso progresa, somos capaces de contestar las cuatro primeras preguntas que nos hace todo el mundo, así sin dudar. Aunque con la señora en cuestión nos entendemos por gestos y dibujos, podríamos escribir una tesis sobre ello, a ella la llamaremos María, por el huerto que tiene en el parking de los apartamentos.

maria

Todo el tiempo que pasábamos en la moto ahora lo pasamos en la cama,estamos recuperando y acumulando sueño para cuando haga falta.

 

19 de Mayo

Por fin recogemos el paquete por la mañana y huimos de la gran ciudad. Tenemos muchas ganas de carretera pero las obras y el tráfico moderan nuestro ímpetu; cuando salimos del jaleo nos amenazan unas tormentas, vemos los rayos y las cortinas de agua a no mucha distancia, la carretera se alía con nosotros, cuando estamos a punto de ser engullidos nos libra cambiando de dirección con un par de curvas. Cuando creemos que nos hemos librado nos roza el último nubarrón, unas gotas para refrescarnos y recordarnos que dejamos latitudes de tiempo estable.

Se nos hace de noche sin sitio para dormir, un poco de conducción nocturna hasta encontrar una cama en un bar/restaurante/motel de carretera.

 

20 de Mayo

Vuelta a la carretera prontito, todavía no hemos matado el gusanillo, con menos tráfico, menos agujeros en la carretera y menos miedo a la rueda avanzamos hacia el norte de Kazajistán. El paisaje no cambia, pradera sin árboles, pasto de vacas impasibles y vaqueros a caballo. Llegamos pronto a Semey, antesala de la frontera a Rusia; con toda la tarde para descansar aprovechamos a equilibrar la maltrecha rueda y cambiar la cubierta de su hermana en la otra moto. Hemos dejado los problemas atrás, al menos los graves.

 

21 de Mayo

100 últimos kilómteros de Kazajistán, nubarrones negros apuntan pero nos disparan, llegamos a la frontera y en poco más de media hora estamos en Rusia, lo nunca visto.

El impecable asfalto ruso nos da la bienvenida, ya echábamos de menos poder agarrar el manillar sin tener que apretar los puños, las nubes se separan pero el sol no llega a calentar, baja el mercurio y llegamos a ver nieve al lado de la carretera.

A nuestro alrededor latifundios de tierra muy fértil separados por hileras de árboles, maquinaria pesada que no se veía en ninguno de los países anteriores la trabaja, tampoco se veían los coches de gama alta que ahora nos adelantan. Las gasolineras aceptan nuestras tarjetas de plástico con la estampa de visa y mastercard, definitivamente ya no estamos en Asia central.

Mi moto necesita un biberón de agua de vez en cuando para que no llore, no fuimos capaces de tapar la pitera del radiador, tendremos que vivir con ello a partir de ahora.

Llegamos a la latitud más alta en Barnaul, más o menos como Berlín, a partir de ahí bajaremos ligeramente hasta entrar en Mongolia.

Los árboles le ganan terreno a los cultivos hasta convertirse en bosque, se agradece el cambio de paisaje por novedoso, con poco tráfico llegamos a Biysk y nos quedamos en el primer hotel decente que encontramos, mañana nos espera Altai y probablemente la última noche en Rusia antes de entrar en Mongolia.